No me acercaría, bajo ningún concepto, a interrumpir la dulce siesta de estos rechonchos hipopótamos, ni mucho menos, a molestar al joven flanqueado por dos terroríficas bocas, las mayores de todos los animales terrestres, capaces de abrirse hasta un ángulo de ciento cincuenta grados, casi un metro y medio, mostrando sus dos intimidantes colmillos inferiores de casi medio metro y sus afilados incisivos superiores.
Por su carácter territorialista en agua, agresivo e imprevisible, pese a ser herbívoros, mejor dejarlos tranquilos, sobre todo si están en el agua.
En tierra pueden correr a unos treinta km/h. Salvo que seas Usain Bolt capaz de correr a cuarenta y cuatro con siete km/h, para librarte de una dentellada letal de este “caballo de río” africano, lo mejor es mantenerse en todo momento fuera de su alcance. A lo largo del año, los hipopótamos matan a unas quinientas personas.