Esta garza real expulsa con fuerza una monumental defecación desde la atalaya donde descansa y otea el terreno. Por lo visto, no conviene ponerse debajo de una garza bien alimentada para evitar una imprevista y desagradable ducha de una masa viscosa rica en corrosivo ácido úrico.
Por otra parte, un fenomenal abono natural rico en fósforo y nitrógeno.
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| Garza real defecando. |
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