En la comarca natural de Tierra de Campos los palomares, redondos o cuadrados, enriquecen el paisaje típico de una planicie de extensos campos de cereales ondulados con cerros bajos y sin apenas vegetación que ocupan parte de cinco provincias de la actual comunidad de Castilla y León.
Estas edificaciones de adobe y materiales de la tierra fueron realizadas para explotar palomas de forma muy eficiente. Huevos, pichones y sus excrementos, la palomina, eran una fuente de proteína, de ingresos extra y un excelente abono para el campo.
Los palomares de tierra de Campos tienen una larga y controvertida historia para llegar a la situación actual.
En el Medievo solo podían tener palomas quienes tuvieran “derecho a palomar” y este era ejercido por; comunidades religiosas, ciertos señores y propietarios de al menos 25 fanegas castellanas de tierra de labor en las inmediaciones del palomar.
Después de la Revolución Francesa se abolieron los privilegios privativos de los señores y con ello el “derecho a palomar” produciéndose un espectacular aumento del número de palomares para complementar la economía de los agricultores. Esta popularización trajo consigo controversias respecto a la gestión de las palomas y la siembra y recolección de las cosechas.
Durante el siglo XX, la proliferación de la caza y el furtivismo sumado a otros factores como el gran éxodo, en los años 60, de las gentes del campo en busca de mejor vida en las ciudades o la bajada del precio de la carne que comenzó a sustituir a la tradicional carne de pichón hizo que se comenzara a abandonar los palomares.
En la actualidad el panorama es desolador. Ahora en el paisaje aparecen edificios abandonados o en ruinas donde antes había edificaciones bien conservadas. Este particular patrimonio cultural parece, lamentablemente, que se está perdiendo lentamente.
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